domingo, 31 de mayo de 2009

°°El camino°°

No.. tú no te olvidarás jamás, yo voy a hacerte recordar..

Cuando conoces a una persona que llega a tu mundo para iluminarlo recuerdas exactamente el momento en el que se manifiesta ante ti…

--Chamaca… que chingadamadre estás haciendoooo****
En ese momento, la mocosa de 4 años y medio voltea hacia su derecha, deja de saltar en la cama y de jugar con el calendario gigante que está pegado en la pared, voltea a ver a su pequeña hermana, y, de nuevo, ve hacia su derecha.
Parado en el marco de la puerta, se encuentra un hombre gordo de unos 35 años con tenis blancos viéndola….

--No te comas los mocos…. No seas puerca¡¡..

--No te enojes Tío, no me regañes, Laurita también se come los mocos, saben a sal… no te enojes…[hace pucheros, le entra ese sentimiento de entre pena y miedo a más regaños].

--Si te vuelvo a ver comiéndote los mocos te voy a acusar con tu mamá, dónde viste eso ehhhh?....no lo vuelvas a hacer, que todo lo que haces lo repite tu hermana…[el hombre cierra la puerta y sigue su camino, la niña hace “bolita” sus mocos y se acuesta a llorar, jamás volvió a comerse un moco].

Era diciembre, en un pueblo muy muy lejano, una combi blanca se asoma a la puerta de aquella casa con entrada de tabiques, el hombre gordo baja junto con su amigo, las niñas corren y lo abrazan, hace frío, mucho frio y él es tan cálido y suave, es tan grande y amigable…tiene tanta paz en sus ojos y ellas lo extrañaban tanto. Suben a la combi junto con su madre y un bebe. Emprenden un viaje, amanecen en una ciudad muy muy lejana.

--A ver hija, qué te trajo Santa Claus. [dice la mujer de cabellos grisáceos que carga y besa a las niñas.]

--Mi muñecaaa…. “chispitas de amor”….ropa, mucha ropa, mi botiquín de doctora, voy a ser otorrinolaringóloga, me trajo muchas cosas…

--Y a tu hermanita qué le trajo.

--Su nenuco, se hace pipí, mucha ropa, y la barbie que tiene bicicleta. Abuelita, nunca nos había traído tantas cosas, estoy muy contenta.
El hombre gordo de 35 años compró todo, no tenía hijos, nunca se casó.

--No me gusta que te lleves con ese chamaco, Paula. Conozco a su papá, y no dudo que él sea igual. Sé que tal vez no me hagas mucho caso, pero eres como mi hija y no quiero que salgas lastimada. Tienes 15 años y no sabes lo que haces.

--Sí Tío, no se preocupe, no me va a pasar nada malo.

Y Paula nunca le hizo caso, y así fue, él la lastimó.
Pasó el tiempo, Paula sanó, su Tío Santa Claus siempre estuvo ahí para ayudarla.

--Ya vine Tío…

--Que bueno hija, cómo te fue esta semana, cómo vas en la escuela?

--Bien Tío, no pude venir la semana pasada por que tuve mucho trabajo y cosas que hacer, qué está viendo?.

--Es una película que me gusta mucho, se llama “Flores en el ático”, ayer vi “El abogado del diablo” y me acordé de ti. En el librero tengo unos libros de derecho que te van a servir.

--Gracias Tío, voy a dejar mis cosas en el cuarto..

Paula no tuvo un padre normal, un padre de esos que están a tu lado en los momentos felices y mucho menos en los momentos melancólicos. El día en que Paula cumplió 15 años, su Tío Santa Claus pagó un banquete exquisito, cada cosa escogida por ella. Al entrar al salón sus ojos brillaron y se llenaron de lágrimas, no derramó ninguna para no arruinar el maquillaje. Todo era mágico, amarillo y blanco, sus flores favoritas lílis y margaritas, cristalería en la mesa, meseros, música, la gente que la amaba y muchos regalos. El Tío Santa Claus lo organizó todo, y Paula fue feliz. Él la acompañó en la iglesia, a falta de padre su abuelo y su Tío, y resultó ganar por partida doble. El padre sólo se manifestó con una corta felicitación en el periódico, el Tío bailó con ella el vals y le dijo lo hermosa que se veía y lo orgulloso que se sentía de ella, que era su hija.

Paula creció, y tuvo que irse de la casa de sus abuelos donde vivía su Tío, que nunca se casó por cosas del amor y cosas de la vida, por una mujer que lo decepcionó en el alma y por cosas profesionalmente fallidas.

Ese hombre era un banquetero excepcional. Las mejores fiestas de esa ciudad estaban a su cargo y eran prácticamente perfectas.

Él era de esas personas que siempre estaba feliz, pero hubo un día en que la tristeza infinita invadió su corazón lleno de amor. Se sentía solo, y ahí inició todo.

Estaba muy triste, y fue su decisión. Era feliz de día y triste en las noches. Paula no se dio cuenta del momento en el que su Tío llegó a ese punto sin retorno. Su hígado se paralizó, estaba seco por que “aquello” que ingería en las noches de tristeza lo humedeció de más. Y un día, simplemente no despertó.

Paula tiene sus alas rotas y su corazón marchito. Lo escuchó la madrugada del 19 de mayo del año 2009. Platicaron unos minutos, él le contó que estaba feliz, que decidió irse sin molestar a nadie, le pidió que no llorara más y que rezara por él, la llamó “hija” una vez más. Paula derramó una lágrima y él regañándola le dijo que no derramara una sola más. Se despidió de ella y al abrir los ojos sintió la tibieza del aire.

Paula acaba de cumplir 22 años y está tomando decisiones en su vida. Lo extraña más que nunca, lo ama con toda su alma.

--El no tenía hijos y nosotros [sus hermanos y ella] no teníamos papá, en algo teníamos que acoplarnos.

No tiene ningún mal recuerdo de él, sólo buenos.

A veces, conocemos a esas personas que llegan a iluminarnos la vida con mil y un cosas que vamos recordando y uniendo a pedazos, cuando se van, se llevan esa luz, pero sólo es un momento, después regresan de a poco para ir devolviendo lo que nos han regalado.

El primer recuerdo que tengo de mi Santa Claus son las navidades tristes y frías cuando vivía lejos lejos de este lugar al que amo tanto, él llegando por mí y mis hermanos en su combi blanca para regalarnos navidades perfectas.

Es aquel hombre gordo sin hijos y con muchos sobrinos a los que amó con toda su alma hasta el último de sus días. Una de las dos personas que le advirtió a Paula que sería infeliz si seguía terqueando. El hombre por el que dejó de comer sus mocos salados, y aprendió a hacer lasaña, aquél que le enseñó a cocinar y que se sentía tan orgulloso de ella, porque antes de que él se fuera, Paula ya había renacido.

No fui a tu entierro, no quise, no se me dio la gana. Te amo, así de simple. Y te recuerdo como siempre, con tu sonrisa azul celeste, sentado en tu silla café en la puerta de la casa donde crecí y fui tan feliz. Te amo, te amamos, no encontraré en mi camino mejor Santa Claus que tú. Te llevo gravado en mi mente, en mi corazón y en cada uno de los pasos que dé en este camino que recorro día con día.

Te doy las gracias infinitas por todo aquello que hiciste por mí y lo que estás haciendo. Sé que nos cuidas, que eres el lucero diario, que estás aquí junto a mí, cuidando de ellos y de mi. Te amamos y siempre serás un papá excepcional.

Y desde aquí, me acordaré de ti….escucharás, mi voz cerca de ti.